Aulas Horno, Edificios Parchedos y un Calendario Escolar cada vez más Alejado de la Realidad
La sección de enseñanza de CGT Burgos denuncia la situación de calor extremo en los centros educativos, una situación que cada curso resulta más evidente en Burgos: las clases terminan cada vez más tarde en junio (día 24, también el próximo curso) mientras las temperaturas extremas llegan antes y duran más tiempo. El resultado es que alumnado, profesorado y personal laboral soportamos jornadas de trabajo y estudio en condiciones cada vez más difíciles, alcanzando y sobrepasando los 30°, dentro de edificios que llevan décadas acumulando parches sin que se afronten sus problemas estructurales.
En verano se sufren aulas convertidas en auténticos hornos. En invierno, los ajustes económicos en las calefacciones vuelven a poner de manifiesto la misma realidad: centros mal aislados, ventanas ineficientes, cubiertas deficientes y una enorme pérdida energética. El problema no es únicamente el calor o el frío; el problema es la falta de inversión en unas infraestructuras educativas que ya no responden a las necesidades del presente.
La situación resulta aún más grave si tenemos en cuenta que la normativa de prevención de riesgos laborales establece para los trabajos sedentarios propios de oficinas y despachos una temperatura orientativa comprendida entre los 17 y los 27 grados, norma que sí se aplica en las oficinas donde se diseña el calendario escolar y donde se negocian los presupuestos de los centros... Sin embargo, cada final de curso y especialmente está última semana, son habituales las aulas que superan ampliamente esos límites, obligando a profesorado, personal laboral y alumnado a desarrollar su actividad en condiciones incompatibles con el bienestar, la salud y el rendimiento. Lo que sería inaceptable en cualquier oficina parece haberse normalizado en nuestros colegios e institutos.
Mientras tanto, la climatización de los centros y la mejora de su aislamiento se han convertido en una auténtica patata caliente que la Junta de Castilla y León y los ayuntamientos se pasan de mano en mano sin asumir plenamente sus responsabilidades. Unos alegan competencias limitadas, otros falta de presupuesto, pero la consecuencia es siempre la misma: la comunidad educativa sigue trabajando y aprendiendo en edificios que no están preparados para afrontar ni los episodios de calor extremo del verano ni las bajas temperaturas del invierno.
La prolongación del calendario escolar agrava todavía más esta situación. Mantener la actividad lectiva hasta fechas cada vez más avanzadas no ha reducido ni un ápice la carga burocrática y organizativa que acompaña el final de curso. Evaluaciones, informes, memorias, programaciones, reuniones y tareas de planificación siguen siendo las mismas, pero ahora debemos realizarlas con menos tiempo y en peores condiciones. La única explicación que se nos ocurre para haber ampliado el periodo lectivo en detrimento de los días sin alumnado es seguir alimentando el viejo tópico de que el profesorado disfruta de demasiadas vacaciones. No nos sorprendería que el turbio objetivo sea alargar nuestros días de permanencia a julio....ah, sin olvidar la imposibilidad del disfrute de moscosos, pero ese es otro tema.
Lo preocupante es que no existe ninguna justificación pedagógica que sostenga esta decisión. Las altas temperaturas dificultan cualquier actividad de enseñanza y aprendizaje de calidad y, además, la asistencia del alumnado disminuye progresivamente a medida que numerosas familias consideran finalizado el curso. Mantener abiertas las aulas en estas condiciones no mejora los resultados educativos ni favorece el aprendizaje; simplemente prolonga una situación cada vez más difícil para toda la comunidad educativa.
Desde CGT se exige un plan urgente de rehabilitación y aislamiento de los centros educativos, inversiones reales en climatización sostenible, la asunción de responsabilidades por parte de todas las administraciones implicadas y una revisión del calendario escolar adaptada a la realidad climática actual. La educación pública merece edificios dignos, eficientes y seguros. La salud del alumnado, del profesorado y del personal laboral no puede seguir siendo la última preocupación de quienes tienen la obligación de garantizarla.
¡Basta de aulas horno!
¡Por unas condiciones de trabajo y estudio dignas!


